La chica se despierta tarde, ¿por qué no? Es una radiante mañana de primavera y ella no tiene nada que hacer. Se despereza, se lava la cara y abre la ventana buscando un poco de frescor.
El día está estupendo, la brisa se lleva los restos de sueño y le trae olores familiares: pan caliente, café recién hecho, el aroma de las primeras flores… El sol luce brillante, muy brillante en el cielo y la baña con su luz y la calienta. La chica no puede evitar cerrar los ojos y disfrutar del idílico panorama unos instantes apoyada en el alfeizar de la ventana.
Él lo ve todo desde arriba. Igual que ella, se ha tomado un momento para sí y aún en pijama ha subido a la azotea a fumarse un cigarrillo y disfrutar del buen tiempo.
Se fija en que está guapísima, con el pelo un poco despeinado y un pijamita corto y fresquito. Los rayos de sol la iluminan. Percibiendo su mirada la chica mira hacia arriba y le sonríe. Él se toma su tiempo, es un tipo duro, le da una calada al cigarro y luego le dedica una sonrisa torcida que la enamora.
-¿Quieres? –le ofrece sacando un paquete de tabaco.
Ella asiente y el chico se lo lanza. La chica lo coge al vuelo saca uno y lo enciende. Le lanza el paquete de vuelta.
-Gracias –otra sonrisa, esta un poco más pícara.
Se fuman el cigarrillo tranquilamente observándose, sin necesidad de palabras. Finalmente, el fuego consume el papel y el tabaco y ambos tiran las colillas.
-Nos vemos, guapa –y una sonrisa torcida.
Y cada uno vuelve a lo suyo, un poco más contentos por haber compartido este singular momento.

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