Me reí del chiste que el rubio acababa de contar y di un trago a mi cerveza. Desde el otro lado de la mesa Teresa me miró como diciéndome: <<anda, mírala ahora, ¡y parecía tonta cuando la compramos!>>, y era verdad, cuándo mi amiga me propuso ir a visitarla a Londres, Inglaterra, donde ahora estudia, estaba muy emocionada pero no pude evitar sentirme un poco cortada al conocer a sus amigos.
-T. báilanos por favor -'Teresa' suena demasiado ridículo en labios ingleses.
-¿Cómo que os baile? ¿Así sin más?
-Te ha afectado la cerveza al cerebro, tío -afirmó uno pelirrojo que iba siempre con uno que tenía una cicatriz en la frente y a los que llamaban Ron Weasley y Harry Potter por razones evidentes.
- No, no, lo que quiero es que bailéis como vosotros sabéis -y acto seguido dio unas cuantas palmadas y meneó sin mucho acierto las manos por encima de la cabeza.
La demostración había sido pésima pero todos entendimos a lo que se refería y los demás chicos no tardaron en pedir lo mismo.
Miré a Teresa, Teresa me miró. A continuación, con una sonrisilla divertida levantó la cerveza a modo de brindis. Yo la imité y ambas apuramos nuestras bebidas.
Lo que vino después fue muy divertido, un poco loco y agotador. Les gustaron tanto las sevillanas que nos hicieron repetirlas todas (1º, 2º, 3º y 4º) una y otra y otra vez. A estas alturas todo el bar nos miraba y aplaudía pero sobretodo gritaban <<olé>> con un marcado acento cada dos segundos o así. Gracias al cielo, el football match que habíamos ido a ver empezó y pudimos sentarnos y beber algo.
Lo siguiente que recuerdo es reírme, insultar al árbitro, brindar y despertarme en la enorme cama de matrimonio del apartamento de Teresa con la pierna de esta atravesándome el vientre, con la mía propia y el resto de mí entrelazados en una maraña de cuerpos y un espantoso dolor de cabeza.
Media hora después entro en la cocina llevando ropa limpia y con el pelo aún un poco mojado por la ducha que me acabo de dar. Me sirvo una taza de café y me siento en el sofá dando los buenos días al lado de un moreno bastante guapo que se llama... John, James o algo con 'j'.
Es bastante simpático y en seguida nos ponemos a charlar animadamente de un programa de televisión que nos gusta a los dos. Poco a poco va llegando más gente y los temas de conversación varían. Hacemos más café y cada vez estoy más apretujada en el sofá, de hecho casi estoy encima del guapo moreno y del rubio, que tampoco está mal así que no me importa.
A la 1:00 despedimos a los chicos y Teresa y yo nos ponemos a recoger los restos del desayuno.
-Bueno, ¿qué te parecen mis amigos?
-Genial, son todo supersimpáticos y hay unos cuantos que realmente merecen la pena pero...
-¿Pero...?
-Sólo hay chicos.
-Sí, bueno, ya sabes que no me suelo llevar muy bien con las tías...
-Excepto conmigo.
-Excepto contigo -coincide -. De todas formas no cuenta mucho, ¿no crees?
-¿Cómo que no cuenta mucho? ¿A caso no soy una chica o qué?
-Sí pero tienes nombre de tío.
-¡Alejandra no es nombre de tío! -le replico enfadada.
-No, pero Ale si -se ríe de mí -. Además no te enfades, al final si te aburres siempre consigues un novio.
-Sí, sí, por supuesto tienes razón.
Me siento y me froto las sienes. Parece que me palpite la cabeza y aún me siento cansada.
- Bueno esto ya está listo. ¿Qué te apetece hacer hoy? -dice resueltamente.
Teresa no tiene sangre en las venas si no algún tipo de estimulante como la cafeína. Una duchita y como nueva. A mí sin embargo la resaca me dura un poco más.
-Nada muy movidito hasta que me consigas una aspirina.
-Ok, entonces damos un paseíto por el parque. De tranquileo, ¿qué te parece?
A mí por supuesto me parece estupendo. Con un poco de suerte incluso puedo tomar un poco el sol. De acuerdo no, pero al menos no llueve así que no me quejo. Contenta me pongo en pie, cojo mi chaqueta, mi móvil, dinero, una galletita y salgo por la puerta.
En el parque se está bastante bien. Teresa y yo nos hemos tumbado sobre el césped, nuestras cosas desperdigadas por todas partes.
Ella me habla de su vida en Londres, sus impresiones, la gente, la comida, el paisaje... Yo por mi parte le cuento los últimos cotilleos, anécdotas, de mis viajes...
-Al final fuimos a la fiesta de Elena. En realidad no estuvo tan mal -le explico poco convencida y ella se ríe adivinando que fue un muermo -. Vi a Enrique. Estaba tonteando con una, pero en cuanto me vio se le borro la sonrisa. Está claro que aún no ha superado lo vuestro, de hecho la chica se parecía ligeramente a ti... ¿tú qué dices?
Ella suspira con mucho dramatismo, aún se siente culpable por dejarlo y se seguirá sintiendo así hasta que él lo supere. Yo en cambio me alegró un montón, los celos de Enrique amargaban mucho a Teresa. Y nunca me cayó bien.
-En fin por lo menos lo intenta. Al final él encontrará a su chica (o chico) ideal.
-Jajajajaja, ¡es vedad! Ahora que lo dices le pega un montón ser gay.
-Ufff, espero que no, sino me desmoralizo.
-Jajajajaja, oye, ¿no son esos tus amigos?
Efectivamente un poco más lejos están algunos de los chicos con los que vimos el partido anoche. Como su sitio es mejor recogemos nuestras cosas y nos dirigimos hacia allí.
-¡Wow! Mirad quién viene, si son T. y su amiga gitana -dice el rubio feliz como un cachorrillo.
Ante este comentario yo me río pero Teresa se tensa a mi lado. No me habría dado cuenta de lo que ese inocente mote significa para mí si mi amiga no hubiera reaccionado, pero lo ha hecho y sin poder evitarlo, una serie de recuerdos vienen a mi mente.
En el primero estoy con todos mis amigos en un descampado de botellón, unos dos años atrás. Charlábamos animadamente y nos reíamos de todo, risueños. A nuestro alrededor había más gente, chicos y chicas jóvenes que como nosotros se reían, charlaban... Algunas parejas se estaban enrollando.
Recuerdo haber paseado la mirada por cada rostro esperando encontrar alguna cara conocida hasta que dos chicos la retuvieron. Al principio me llamó la atención lo buenos amigos que parecían. Justo como yo pienso que los mejores amigos deben comportarse. Justo como Teresa y yo: se compenetraban perfectamente y con una mirada significativa se lo dicen todo, sin miedo de meterse con los defectos del otro porque ambos saben que en el fondo se aprecian demasiado como para que estos importen, sin miedo de mostrarle su opinión. Después, mis alocadas hormonas de adolescente se fijaron en que ambos eran guapos y estaban muy buenos sin embargo el más alto de los dos tenía algo, algo que hacía que no pudiera apartar la vista de él, tan fascinante... Teresa entonces, interrumpiendo todas mis ensoñaciones, me había dado un codazo y me miró pícaramente, y luego a ellos.
El principio del segundo recuerdo está un poco confuso pero sé que estaba muy, muy, muy furiosa. Después yo acusaba a dos niñas que conocía de amigos de amigos -ni me acuerdo de sus nombres -de <<malditas pijas, zorras envidiosas que estáis tan desesperadas que os tiraríais hasta un puto lagarto pero el lagarto no quiere y tan amargadas que tenéis que venir y atreveos a echarme en cara cosas que ni entendéis ni os importan una mierda, así que no me toquéis las narices y callaos vuestra sucia boca, ¿queda claro?>>. Y acto seguido me iba con la cabeza bien alta, paso digno y los puños apretados para no abofetearlas. A mi lado Teresa antes lista para entrar en escena si tenía que defenderme se reía escandalosamente sujetándose el vientre. Detrás, los dos mocos esos que habían osado mirarme paralizadas, me miraban como bobas intentando asimilar lo que acababan de oír. Más atrás, varios amigos riéndose a carcajadas como Teresa. Aún más atrás, el resto de alumnos miraban curiosos y divertidos y tres profesores escandalizados.
El tercer recuerdo es la tarde de ese mismo día. Aprovechando que mi madre trabajaba y que mi padre había ido con mi hermano al médico, Mario -el guapo de la botellón con el que yo salía desde hacía ya algunos meses -se había venido a casa. Los dos estábamos sentados en mi cama con las espaldas apoyadas en la pared.
-¿Qué te pasa?
-Nada -gruñí
-¿Qué te pasa?
-Nada -gruñí
-¿Qué te pasa?
-Qué nada -gruñí
-Dímelo...
-No.
-Dímelo...
-No.
-Dímelo...
-¡Qué no!
-Venga...
-Mmmffppggggrrr... Es que me saca de quicio...
-¿El qué?
-Los entrometidos.
-¿Qué ha pasado?
-Nada, dos entrometidas.
-¿Qué te han dicho?
-Tonterías, pero las he puesto en su sitio.
-Ale...
-¿Qué?
-Me estoy cansando de hacer de sacacorchos.
-Aiiiinssss...
-¡Cuéntamelo!
-Mmmffppggggrrr... Haber pues que a la salida del colegio van dos mocos entrometidos se han puesto a decirme que una chica no puede salir con cualquiera que si he caído muy bajo... y han empezado a llamarme gitana...
Los ojos de Mario lucen llamas de indignación, los prejuicios de la sociedad contra los gitanos siempre le tocan la fibra sensible.
-¿Te molesta que te llamen gitana? -¿lo pensaba pagar con migo? No se lo iba a permitir.
-Pues sí, porque para empezar lo decían como un insulto y segundo porque yo no soy una gitana, me da igual que tú lo seas y lo sabes pero qué pasa que si ahora salgo con un negro, ¿me convierto en una negra? Yo soy lo que soy y tu eres lo que eres y yo no me avergüenzo ni de lo uno ni de lo otro. Pero que me tachen de algo que no soy yo sino mi novio y encima lo digan como si fuera algo malo, ¡me mata! Lo entiendes, ¿no?
Su mirada se suaviza y me coloca entre sus brazos, donde yo me acurruco.
-Sí, claro que lo entiendo y si te lo vuelven a decir puedes pensar <<claro, yo soy gitana porque soy de mi gitano, igual que él es mío>> porque soy tuyo, lo entiendes, ¿no?
Yo me rio y lo beso. Y luego me rio aún más cuando me pregunta << Oye ¿cómo las has puesto en su sitio si puede saberse?>>.
El cuarto y último recuerdo es el más doloroso, así que solo diré que es en el que Mario y yo cortamos.
Vuelvo a la realidad, justo después de tener una especie de revelación: ya sé lo que tengo que hacer. Teresa me mira un poco más allá, preocupada pero aún me da unos minutos para recuperarme. Pasados estos se sienta a mi lado, me da un besito en la mejilla y ofrece patatas fritas.
-¿Estás bien? No quería que te dieses cuenta.
-Estoy bien, no pasa nada. Ya sé lo que tengo que hacer Teresa, lo tengo absolutamente claro -saboreo cada palabra y reflexiono pero no hay otra opción. Mi amiga espera pacientemente a que le cuente mi plan.
>>-Voy a ir a buscarlo, voy a recuperarlo.
Ella inhala bruscamente y se prepara para soltarme un discursito en plan << ¿¡As perdido la cabeza o qué!?>> Pero yo levanto la palma de la mano y simplemente digo:
-Tú no lo entiendes: él es mi gitano y yo soy su gitana, él me pertenece a mí y yo a le pertenezco a él. La decisión está tomada.